Pensar la contratapa como puerta de ingreso a un libro es en sí una paradoja. De ser así entramos por una topografía equivocada donde se supone el final. Acompañar estas páginas es una responsabilidad implacable. Pese a todo la palabra ya ha transitado varios universos pero que en definitiva refieren a uno solo: la vida hecha girones de luz, la enfermedad como forma del mundo. Y si entendemos un vocabulario como el conjunto de palabras de un idioma que en este caso es el de la poesía, Laura Massolo nos abre un sentido inmenso y nos sumerge en la profundidad de un espacio nuevo: el nombre de las cosas se hace vidrio, se cristaliza para llevarnos de la mano por un camino sinuoso pero certero. La enfermedad supone, en su mismo concepto, el de salud. Y la salud del vocabulario de Massolo nos convoca en una delgada línea abierta en que los signos se hacen cuerpo en cada palabra que significan el mundo entero, y dentro de ese mundo el mismo mundo que expresa: un Aleph.
¿Dónde sino en la grieta que siempre deja el lenguaje podemos leer la enfermedad de un vocabulario en el que lo provisorio nos permite nombrar? ¿Cómo decir si no desde el verbo fisurado? Es dentro de esa fisura el lugar en que se cierran estas grietas y se anudan serenamente las siluetas con un alambre dolorido, nos dice la poeta. Hay un nexo entre los signos, el dolor: la pulsión de una poética perfecta. En la armonía establecida de este lenguaje decir dolor es también contener un amor ilimitado que también permite aclarar los nombres.
La enfermedad se nutre así de las palabras que Massolo hilvana con una honestidad feroz, las persigue hasta dar en la tecla del nombre exacto. Vocabulario Enfermo es una parte rota entre la mano y la memoria, un libro que llega a decir lo indecible, lo indecidible: la forma más antigua del miedo, los dientes de otra forma de morir.
Cristina Domenech

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada